Abro los ojos con la primera luz del día. No parece un día normal, ya que casi nunca suelo escuchar el cantar de los pájaros(muchas veces el del gallo del vecino antes de acostarme), ni la voz de mi hermano alistándose para ir al trabajo; además, he dormido bien, con suma comodidad, dejando de lado el insomnio del estrés y las preocupaciones que me aterra todas las noches.
Me levanto con el presentimiento que será un día diferente, mejor; al menos, los más alejado al día anterior, 14 de febrero. Pero ya han pasado seis horas desde que puse los pies en la tierra, y nada parece cambiar en el horizonte.
Los momentos son sosos, aburridos. Sentado sobre el sofá, cambio el radial. Las buenas emisoras, al parecer, eran de un pasado mejor con buena música del momento o de las verdaderas estrellas del rock. Solo se sintoniza canciones desfasadas, ochenteras(las detesto), dirigidas a nostálgicos de la década perdida; también para los amantes y los corazones rotos con letras de cursilería decimonónica, además de la música sintética y artificial que nos llega del hemisferio norte.
Mi madre me pide colgar la ropa (al menos en algo tengo que ayudar en casa) y las chicas voluntarias están dispuestas a ayudarme. Acepto, pero no me hablan. Tal vez por el ausentismo que mostré el día anterior(un pepino me vale San Valentín). "Habla con ellas, sino se van a resentir" me había dicho un amigo días atrás, entonces pensé "¿Y que pasa si ellas no hablan conmigo?¿Debo resentirme?". Guardamos un silencio perfecto, y al terminar nos dirigimos a nuestras habitaciones como completos desconocidos.
"Buscamos la Felicidad, pero no irradiamos alegría" había leído momentos después en un pequeño libro de oraciones de un jesuita, entonces comprendí-y reconocí- que el problema se escondía en mí.
Deseo lo mejor para mí, y busco la felicidad a punta de hachazos sobre los demás, pero seguí la línea de justificación de los medios para llegar a mi finalidad, una forma maquiavélica que no puede ser aplicable a los sentimientos.
Cedí. Estoy dispuesto a mostrar este corazón entre brazos abiertos. Aunque ahora piense que nunca me escondí, por el contrario, nunca demostré interés alguno. I'm so sorry, ladies.
En momentos de quietud afónica, me pregunto qué pensarán ellas sobre mí. Soy un chico que demuestra sus virtudes, buen comportamiento y su buena educación, las cuales me han valido interesantes y extensas conversaciones, en la cuales empezábamos por cuál era mi color preferido hasta terminar comentando sobre la crisis financiera que azota Europa. De hecho, he dejado una buen impresión en algunas de ellas, pero siguen siendo solo algunas.
Me cuesta llegar a esa área entre la intersección de lo común y de lo íntimo, esa línea de lo desconocido para mí de la cual no suelo preguntar.
Y es que me he mostrado como un buen orador y conocedor sobre los conflictos y problemática de nuestra realidad nacional, nuestra historia, política, economía y sociedad; pero soy incapaz de preguntarles si es que tienen novios para empezar y así encontrar alguna posibilidad o de obtener alguna información personal que me haga sentir como un confidente a quien se le puede conferir íntimos secretos, porque al fin y al cabo, son éstos quienes yacen por más tiempo en los corazones alejados en los cuales las posibilidades de reencontrarse son remotas, muy remotas.
No quiero necesitar de la ayuda de un embriagante vaso con cerveza, o de la euforia psicodélica de una discoteca cuyos sonidos extasiados son capaces de juntar cuerpos necesitados de contacto. Me han valido por siempre, pero solo quiero por ahora que esa iniciativa emerja desde mi interior, de aquel chico tímido que necesitaba de las cosas inanimadas o de aquellas situaciones extraordinarias para aventurarse a descubrir el amor, entregarse del todo para amar.
¿Cómo hacerlo? Por lo pronto, empezar a conocerme a mí mismo: mis temores, mis odios, mis pasiones. ¿A qué le temo? No lo sé. Tal vez el ejemplo que me dio Alison me ayude en algo: si un niño dice tenerle miedo a una habitación oscura ¿A quién le tiene miedo, a la habitación oscura o a lo que ésta pueda contener en su interior?¿Una araña?¿Una serpiente?¿Un duende maldito? Tal vez tengo de identificar e individualizar esos miedos para poder enfrentarlos por un lado. Y por el otro, reconocer los errores o problemas de mi comunicación(verbal o no verbal), las palabras que pronuncio o los gestos que realizo. Ser claro a lo que quiero decir, aunque me cueste mucho, ya que intentamos que las palabras reproduzcan o plasmen lo que pensamos, pero muchas veces éstas nos traicionan, como en mi particular. Además de los gestos o de las miradas que tienen un sinfín de interpretaciones que pueden acarrear problemas de distanciamientos si es que estos son percibidos como un acoso, u obtener un acercamiento hostigador con la persona no deseada. Suelen evadir la buena fe de mis intenciones.
No sé si será fácil lograr lo que quiero hacer y temo al mismo tiempo. Por lo pronto, me satisface saber que el corazón se resistió a la razón y ahora está dispuesto a seguir amando y entregarse del todo para aprovechar al máximo esos instantes eternos que se les fueron negados por la razón para darle paso a la sinrazón. Amo, y quiero seguir amando.
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